Reflexión sobre la letra B
No sé por qué, pero esta mañana me he levantado pensando en la letra b. Sí, esa que de pequeños en el colegio aprendemos como “la del palito con la barriguita”. La b de bebé.
Pues bien, conforme vamos creciendo, descubrimos que la letra b también es la b de bien, y la b de bueno, bonito y barato. Y, como no, en nuestro primer trabajo descubrimos que la B, así, con mayúsculas, es la B de “Brown”. (Lo que hace aprender idiomas…)
Lo que antiguamente era un “marrón” ahora es un “brown”. En mi oficina los “browns” van que vuelan. Pocas veces tienes tiempo de escaquearte a tiempo y, a menudo, esta B te da de lleno.
Yo propondría que en los e-mails, además del signo de exclamación que indica urgencia, debería haber un símbolo en forma de caca de plástico que indique “Brown”. De este modo, sabríamos a qué atenernos antes de abrirlos. La situación actual no es justa: te llega un e-mail, que tú abres candorosamente, y cuando lo lees ¡Zas!, te das cuenta de que es el de la letra B en mayúsculas. Y es entonces cuando sufres un colapso, no sabes qué hacer, ni a quién rebotárselo y tienes una regresión a la infancia. Y de pronto te encuentras pensando: la b con la a “ba”, y comienzas a balbucear: ba, ba, “ba-rrón”, digo “marrón”. Y al final concluyes: ¡Vaya BROWN!
En fin, esta es mi reflexión sobre la letra B que, como supondréis, tiene algo que ver con mi día de trabajo de ayer…
¡FELICES REYES!
